20090615

calendario 2.6 / Querido diario...

(hermana sista, 1994 / 2009)


Hoy quiero escribir algo así como un cuento, una historia, más bien, y hablar de lo que me pasa y hacer como que le pasa a alguien más: a ver si así logro comprender las cosas y descubrir, aplicando alguna teoría narratológica (análisis formal del texto literario, curvas dramáticas y modelos actanciales), dónde radica el verdadero problema, o cuándo el clímax, o dónde de plano perdí la hebra de mi vida y me he venido deshilachando…:De un tiempo a esta parte has estado en un toma y daca inútil contigo mismo. Obtienes lo que quieres y al instante deja de interesarte. Miras a la gente feliz e instintivamente los jugos de tu odio empiezan a macerarse en tu interior. El fin de semana, por ejemplo. El centro comercial atascado de compradores compulsivos. No soportaste la belleza ajena. El peso de querer ser otro es demasiado, ese impulso que te nace cuando ves el amor en la mirada de otro. De otra, más bien, para otro. De repente el mundo y su gente y sus relaciones se convierten en una basura basada en el influyentismo y marcas de autos y ropa fina. No comprendes cómo es que la belleza que deseas es tan inalcanzable (y es que no comprendes que ellos tienen autos y tú a Cortázar, y de nada sirve porque tu camino es otro, el surco que labraste es el equivocado). La volteaste a ver (a cualquiera, no importa) y deseaste tenerla así como en tus sueños… y tu fantasía tomó forma ya de noche, en tu casa, y luego dijiste ¿para qué? Y volviste a tus cosas: el siglo de oro español, Haruki Murakami y la semiótica de las pasiones. Tiene mucho que no escribes. Cada nuevo intento te parece una aberración peor que la anterior. Jamás serás bueno en nada, parece. Te castigas tanto que aquello que disfrutabas (sexo y literatura, principalmente) ahora te atormenta: ha venido mutando lentamente (como una especie que quiere trepar a los árboles y tiene que esperar generaciones a que le salgan las garras adecuadas) hasta convertirse en un peso que ya te es imposible soportar. Eres el perfecto dechado de la insatisfacción crónica (y patológica). Hace una semana echaste a andar una máquina aceitada según tu concepto de perfección: pura carne. Pero no pudiste evitar la seducción de la exclusividad. Sabías que aquello no llegaría ninguna parte. Aun así ahora que lees la rotunda negativa te siente aplastado por el cielo de lo que pudiste hacer, por el peso atroz de lo postergado y de lo que no sucedió. Construyes cosas ahí donde jamás hubo terreno. Vives donde las cosas que no sucedieron. Y recuerdas y te gustaría volver. Esperas inútilmente el vibrar de tu aparato, esperas un mensaje, una luz. Pero nada pasará, lo sabes. Volverás a la rutina y pronto olvidarás lo sucedido, aprenderás que el tiempo siempre se bifurca en memoria y olvido, y que tu barca está ladeada desde el principio. Te extrañas de tu presente y no reparas en que hace mucho aceptaste tu destino. La suerte parece estar echada, más vale que te acostumbres. Ahora esperarás su mensaje, pero no llegará. Dormirás y mañana todo parecerá un sueño de mal gusto. Tal vez esto no te vuelva a pasar nunca. Pero hace años otra ella te hizo lo mismo, y aún la recuerdas… Mejor será aprender a olvidar. Sólo en este espacio que lentamente deja de estar en blanco encuentras algo parecido a la felicidad. A falta de psicología, quizá el formalismo ruso te ayude. Por eso, ahora que te sientes tan realmente mal, quieres escribir algo así como un cuento, una historia, más bien, y hablar de lo que te pasa y hacer como que le pasa a alguien más: a ver si así logras comprender las cosas y descubrir, aplicando alguna teoría narratológica (análisis formal del texto literario, curvas dramáticas y modelos actanciales), dónde radica el verdadero problema, o cuándo el clímax, o dónde de plano perdiste la hebra de tu vida y te has venido deshilachando…: De un tiempo a esta parte he estado en un toma y daca inútil conmigo mismo. Obtengo lo que quiero y al instante deja de interesarme. Miro a la gente feliz e instintivamente los jugos de mi odio empiezan a macerarse en mi interior. El fin de semana, por ejemplo. El centro comercial atascado de compradores compulsivos. No soporté la belleza ajena. El peso de querer ser otro es demasiado, ese impulso que me nace cuando veo el amor en la mirada de otro. De otra, más bien, para otro. De repente el mundo y su gente y sus relaciones se convierten en una basura basada en el influyentismo y marcas de autos y ropa fina. No comprendo cómo es que la belleza que deseo es tan inalcanzable (y es que no comprendo que ellos tienen autos y yo a Cortázar, y de nada sirve porque mi camino es otro, el surco que labré es el equivocado). La volteé a ver (a cualquiera, no importa) y deseé tenerla así como en mis sueños… y mi fantasía tomó forma ya de noche, en mi casa, y luego dije ¿para qué? Y volví a mis cosas: el siglo de oro español, Haruki Murakami y la semiótica de las pasiones. Tiene mucho que no escribo. Cada nuevo intento me parece una aberración peor que la anterior. Jamás seré bueno en nada, parece. Me castigo tanto que aquello que disfrutaba (sexo y literatura, principalmente) ahora me atormenta: ha venido mutando lentamente (como una especie que quiere trepar a los árboles y tiene que esperar generaciones a que le salgan las garras adecuadas) hasta convertirse en un peso que ya me es imposible soportar. Soy el perfecto dechado de la insatisfacción crónica (y patológica). Hace una semana eché a andar una máquina aceitada según mi concepto de perfección: pura carne. Pero no pude evitar la seducción de la exclusividad. Sabía que aquello no llegaría ninguna parte. Aun así ahora que leo la rotunda negativa me siento aplastado por el cielo de lo que pude hacer, por el peso atroz de lo postergado y de lo que no sucedió. Construyo cosas ahí donde jamás hubo terreno. Vivo donde las cosas que no sucedieron. Y recuerdo y me gustaría volver. Espero inútilmente el vibrar de mi aparato, espero un mensaje, una luz. Pero nada pasará, lo sé. Volveré a la rutina y pronto olvidaré lo sucedido, aprenderé que el tiempo siempre se bifurca en memoria y olvido, y que mi barca está ladeada desde el principio. Me extraño de mi presente y no reparo en que hace mucho acepté mi destino. La suerte parece estar echada, más vale que me acostumbre. Ahora esperaré su mensaje, pero no llegará. Dormiré y mañana todo parecerá un sueño de mal gusto. Tal vez esto no me vuelva a pasar nunca. Pero hace años otra ella me hizo lo mismo, y aún la recuerdo… Mejor será aprender a olvidar. Sólo en este espacio que lentamente deja de estar en blanco encuentro algo parecido a la felicidad. A falta de psicología, quizá el formalismo ruso me ayude. Por eso, ahora que me sientes tan realmente mal, quiero escribir algo así como un cuento, una historia, más bien, y hablar de lo que me pasa y hacer como que le pasa a alguien más: a ver si así logro comprender las cosas y descubrir, aplicando alguna teoría narratológica (análisis formal del texto literario, curvas dramáticas y modelos actanciales), dónde radica el verdadero problema, o cuándo el clímax, o dónde de plano perdí la hebra de mi vida y me he venido deshilachando…



4 reclamos:

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

espero no pasen demasiados días para leer algo más...

Diego Castillo dijo...

sss

uUxialu dijo...

sin palabras.