20090302

Amor...

77. Amor

El amor por el amor mismo no sirve de mucho. Decía Cortázar:

Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor.

Y el argentino decía bien. Su obra, muy leída -y no gratuitamente, ya que es una de las más interesantes y perfectas de la literatura hispanoamericana del siglo XX-, ha sido tomada como, digamos, paradigma del relato corto, o como modelo de la novela contemporánea. Eso literariamente hablando: pura perfección, conocimiento absoluto de la lengua, de sus reglas y sistemas (miren que para introducir oraciones coordinadas sustantivas prepositivas mediante una preposición elidida…); invención de categorías, de modos, que resultan comprensibles porque se ciñen a las más naturales reglas de la gramática; es decir, sus invenciones, sus neologismos y neoformismos corresponden a la lógica de un estilo de, digamos, lenguaje primigenio y universal.

Eso, literario-gramatical-formal, es cuestión de estudiosos. Trabajo de aquellos que están para arrojar luz sobre las obras que los lectores disfrutamos (y eso sólo cuando el lector quiere o necesita luz… los estudiosos y académicos siempre son prescindibles).

A Cortázar también se le disfruta por la complejidad de sus argumentos. También aquí se podrían hacer esbozos teóricos y técnicos de su estilo y de su muy particular forma de apropiación literaria de la realidad, lo que demostraría que, por ningún lado la obra del argentino cojea.

Pero, el éxito del cronopio radica, quiero creer, en esos vislumbres de verdad absoluta que da en sus obras cada tanto. La frase citada arriba es un ejemplo perfecto. La sentencia es concluyente: el amor no es eso que creemos. ¿Entonces? La novela responde: búsqueda. No se trata simplemente de insatisfacción crónica, es más bien un estilo de pirámide en la que sólo trasciende aquello que jamás poseemos. Es decir, la imposibilidad del amor corrobora su existencia. En la búsqueda, en el encuentro fortuito, casualidad si se prefiere, radica la única posibilidad de encuentro con el amor. Pero, como a la casualidad no se le puede poseer, no se le pueden adivinar los pasos, tal amor está condenado a la imposibilidad… (o a la posibilidad casual, en todo caso: momentos mágicos que desaparecen al siguiente capítulo del libro o al siguiente día de nuestras vidas). Eso que no poseemos es lo único que nos queda.

Al menos esa es, según mi lectura, la lección del argentino.


j.AlfonsoValencia B.

Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 23 de febrero 2009.




1 reclamos:

Anónimo dijo...

Entre sabanas y noches de tabaco sentía que te amaba,
ahora solo te recuerdo y cuando pasa cerquita del amor
me robas suspiros con sabor a tinto


d