20080301

¡Qué Dama, carajo!

36. ¡Qué Dama, carajo!

Yo no pensé que el Foro se llenaría. Digo, ese lo llenan los Rolling Stones, Roger Waters… pero, ¿Iron Maiden? ¿Cincuenta mil? ¿y con lo caro que está todo?



Sin palabras. Yo no puedo más que emitir una opinión completamente subjetiva e impresionista: un concierto increíble… He leído varias reseñas y escuchado opiniones que van desde la glorificación hasta la vociferación cacofónica de palabras vulgares. Yo difiero de las segundas, es decir, de todas las malas impresiones que la Doncella pudo causar, pues me encontraba en un lugar donde, si bien los madrazos estaban de a peso, el sonido era magnífico, justo como debe de escucharse el galopar de hierro: el bajo y el bombo en niveles decibélicos peligrosos.

Los conciertos en México los hace el público, eso ni dudarlo. Ahí están las imágenes de Bruce atónito, sentado en un monitor, apabullado -diría yo- por las voces de cincuenta mil personas que gritaban ya sea su nombre o el de su institución. Y aunque sé que menos del treinta por ciento de la entrada sabía, a ciencia cierta, a qué iba, la escena no deja de ser imponente.

Yo escuchaba un tremendo coro que, obviamente, hacía eco más allá del horizonte de cabezas cuando llegaba a esas partes en las que no es necesario saber la letra para cantar… y en ese momento no importa si el público conoce o no, si es fanático o no. No importa porque es cuando ha triunfado la banda en el escenario: cuando todos, por instinto o reflejo -es lo de menos-, sueltan un grito o arrancan en palmas por lo que acaban de presenciar… (como la reacción involutaria que te lleva a aplaudir después de una improvisación de jazz, o al final explosivo de la Novena en cualquier sala de concierto…)

Iron Maiden sabe lo que hace, no en balde ya tiene avión privado. No es coincidencia que la asistencia a sus conciertos haya crecido de manera exponencial del 2001 al domingo pasado (quince mil en aquella ocasión). No es gratuito que, si antes su música se conocía en uno de cada quinientos hogares mexicanos, ahora se esuche en cinco. Hay Maiden para todos los gustos: para los obtusos que buscan la complejidad académica de las composiciones, para los verdaderos fanáticos que incluso saben la historia detrás de las portadas de los álbumes, para los que sólo quieren la chela y el mateo extremo, para los que quieran hacerse los rudos, para los que quieren y sus madres no los dejan, para aquellos que con el simple hecho de dejarse el cabello largo están retando a cualquier autoridad, para los del “sólo para ver qué pasa”, para los que no les gustaba pero ahora ya, para los “ahora ya no me gustan por comerciales”, para quienes les vale y ponen Killers en la oficina, para los que van de aquí al duranguense y de allá a Bach, para los que tararean los riffs, para los I’m so crazy I hit myself, para los que ahorraron meses para un boleto, para esos que creen que del otro lado del atlántico es mejor, para esos “hey you fucking naco no me entiendes”, para aquellos como si nada, para los ensimismados…

Para todos Eddie echó balazos.
A todos la Doncella de Hierro espera:
Iron Maiden´s gonna get you, no matter how far!

Para todos la Dama cantó. A todos ofreció un setlist de dieciséis temas y ninguno sobró, aunque, como siempre, muchos creen que alguno faltó… como sea, el Foro gritó como nunca (como sólo el heavy metal puede provocar la garganta), y la banda demostró por qué vendieron cincuenta mil boletos, por qué dos (o tres) generaciones se juntan en sus conciertos, y lo mismo señoras con sus hijos y dones de zapato boleado y pantalón planchado, que adolescentes incomprendidos y adultos contemporáneos…

Simplemente porque Iron Maiden es una banda de verdad y no payasadas.



Up the Irons!


j.AlfonsoValencia B.

Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 29 de febrero de 2008.
foto de: http://la-sangre-de-meta.blogspot.com