26. Apoteosis.
Unas mujeres metálicas repentinamente tomaron el escenario. Con una parte de sus cuerpos exhalaban notas que no sonaban nacionales. Luego, el mar de cabezas se alebrestó y de sus profundidades surgieron gritos, estruendos y relámpagos en reversa cuando La Diosa apareció, envuelta en un traje ceremonial, y con su dulce voz nos cantó una historia de puertos lejanos. Vivo cerca del océano / y durante la noche / me sumerjo en él / hasta el fondo / debajo de las corrientes / suelto mi ancla / aquí es donde he de quedarme / aquí es mi hogar. La Diosa y su gloria vocal bastaron para hacer perfecto el lugar y convertir el polvo y el pasto seco en partículas de estrellas y planetas, en diminutas porciones de material alucinógeno.
Allá, ella unió las estrellas con rayos verdes. Allá proclamó que todo está lleno de amor. La Diosa bailó y sonrió mientras la marejada atónita se dejaba llevar por la cadencia producida por las máquinas reproductoras de ambientes oceánicos y de montaña. Unas manos gigantes lo manipulaban todo: un movimiento sobre la pantalla y la ola brincaba más alto, otra pieza sobre la mesa y la marea bailaba frenética un ritmo de ruido quebrado. Después una nota alta de La Diosa y la caja musical que suena a cielo de otro planeta. La sentencia y ya en el coro lágrimas, lágrimas como de cristal en los más profundo de una cueva: superficialmente es simple / pero el más oscuro abismo en mi / es poesía pagana.
El escenario dejó de serlo cuando ella soltó su voz.
Entonces se convirtió en altar.
Gracias frío. Gracias Björk.
j.AlfonsoValencia B.
publicado en el Diario Plaza Juárez, Pachuca Hgo.,

1 reclamos:
Lo pude ver todo con claridad.
Su voz, su cuerpo bailando en el escenario...
Magnifico.
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