16. One single note Jazz
Recuerdas esa noche y aún puedes señalar las estrellas que más brillaban en el cielo y en el cuarto de esa casa del bajo centro.
La carretera se desdoblaba atrás de las curvas y el camino de regreso de la mansión en la montaña se hizo eterno, eterno como el vaho en el parabrisas y como el silencio entre las notas de Piazzolla.
Tango en las bocinas y tu mente en blanco buscando una salida práctica que no implicara salpicar de sangre las paredes de tu dormitorio. Allá, en la casa del cerro, habías estado bebiendo en compañía de personas que no te agradan. Tuviste que fingir las sonrisas y chocar los vasos para no verte descortés.
Bajaste cuando todos estaban en otras cosas. Ya que nadie te acompañaba en el sillón, sigilosamente saliste con un cigarro en la mano, camuflaje.
Manejabas lento, como si el bandoneón dictara la presión sobre el acelerador. Tardaste toda la suite en recorrer diez kilómetros. Llegaste al cuarto y dentro todo era lo mismo: luz directa del techo y el denso ambiente irrespirable del cigarro encerrado, viejo, renovado con brisas de voces estúpidas de personas que bien pudieron no haber existido.
Ya no te tiraste en la cama como tenías pensado. Te sentaste en el sillón y te dejaste llevar por la situación. Desde ahí todo parecía estático, y entonces viste ese perfil perfecto de estrella arrebatada de una constelación aún no descubierta.
Movido por un instinto que no buscas comprender, te acercaste y dictaste una conferencia inútil, porque ya a esas alturas de la noche todas las palabras sobran. Intercambiaron dos miradas como espadas, sus ojos chocaron en el aire y sin querer se retaron a un duelo… y tú perdiste.
Fumaste, porque sueles fumar para disimular. Ella, acostumbrada a la galaxia, te hizo un favor…: te dejó polvo en las pestañas. Sentiste el incendio de su tacto y sin hacer fuerza te dejó un mensaje de olvido en la espalda. Tu piel fue su lienzo y abrió la puerta cuando descubrió la obra que hizo a ciegas.
Despertaste buscando sol y papel de baño
y ella con la normalidad de estrella fugaz
Con sus cinco extremidades abiertas, dejando una estela de polvo, una nube de luz por dondequiera que se paseaba.
Una música, una improvisación de una sola nota.
Te pintó doscientos cincuenta y seis ojos morados en una hoja de papel, y te dejó en los labios su sabor de distancias infinitas.
No pasó nada más, pero no has dejado de pensar de ella.
Está por dentro de tus párpados, en tus palabras y en tu piel que pide otro rasguño.
Triste, notas que los ojos morados en el pedazo de papel se van cerrando uno a uno…
No puedes hacer más que sacudirte las pestañas, parpadear fuerte en busca de su estela. No puedes más que construirla y llenar los huecos con piezas de otros rompecabezas.
Es tu collage involuntario.
Olvídala.
Ojala algún día se percate de que nunca antes nadie le había cantado.
j.AlfonsoValencia B.
publicado en el Diario Plaza Juárez, Pachuca Hgo.,
el 05 de octubre 2007
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