Cómo decírtelo, Erato,
cómo decir para que no te ofendas,
cómo decirte: "no vengas por las mañanas,
ni a medio día:
ven ya entrada la tarde...
Ven después de las 5;
sucede que trabajo de 8 a 4".
No es que inoportunes, sólo preferiría
que me tocaras por la noche,
cuando ya no hay formatos,
ni memorandos que mandar,
ni gritos del jefe ni las piernas de Vero...
Ven de noche, no me molestes
en el horario de oficina,
porque ha pasado,
que a media reunión importante,
irrumpes con una luz sobre el escritorio,
un punto de marfil
-bastión de todo lo hermoso del mundo-
sobre reportes de pérdidas millonarias,
sobre los planes macabros para evadir al fisco...
Un punto blanco
que me recuerda la luz del puerto,
y a mi padre enseñándome a contar
el golpe del océano...
Entonces me pierdo, me voy...:
el jefe se convierte
en una gaviota que se deja caer
detrás del horizonte,
y Vero, Verónica la secretaria,
se desnuda y nos presume su cuerpo
a contraluz... al fondo, la pantalla es un atardecer.
Y cuando el jefe me llama: ¡Valencia!
no tengo nada que decir,
y todos, claro,
imaginan que mi distracción,
se debe al escote de Vero;
bromean, Verónica se acomoda la blusa,
y yo camino un poco más
a la pérdida de mi trabajo...
Es por eso que prefiero vengas de noche,
cuando no hay ruido...





