Hoy quiero escribir algo así como un cuento, una historia, más bien, y hablar de lo que me pasa y hacer como que le pasa a alguien más: a ver si así logro comprender las cosas y descubrir, aplicando alguna teoría narratológica (análisis formal del texto literario, curvas dramáticas y modelos actanciales), dónde radica el verdadero problema, o cuándo el clímax, o dónde de plano perdí la hebra de mi vida y me he venido deshilachando…:De un tiempo a esta parte has estado en un toma y daca inútil contigo mismo. Obtienes lo que quieres y al instante deja de interesarte. Miras a la gente feliz e instintivamente los jugos de tu odio empiezan a macerarse en tu interior. El fin de semana, por ejemplo. El centro comercial atascado de compradores compulsivos. No soportaste la belleza ajena. El peso de querer ser otro es demasiado, ese impulso que te nace cuando ves el amor en la mirada de otro. De otra, más bien, para otro. De repente el mundo y su gente y sus relaciones se convierten en una basura basada en el influyentismo y marcas de autos y ropa fina. No comprendes cómo es que la belleza que deseas es tan inalcanzable (y es que no comprendes que ellos tienen autos y tú a Cortázar, y de nada sirve porque tu camino es otro, el surco que labraste es el equivocado). La volteaste a ver (a cualquiera, no importa) y deseaste tenerla así como en tus sueños… y tu fantasía tomó forma ya de noche, en tu casa, y luego dijiste ¿para qué? Y volviste a tus cosas: el siglo de oro español, Haruki Murakami y la semiótica de las pasiones. Tiene mucho que no escribes. Cada nuevo intento te parece una aberración peor que la anterior. Jamás serás bueno en nada, parece. Te castigas tanto que aquello que disfrutabas (sexo y literatura, principalmente) ahora te atormenta: ha venido mutando lentamente (como una especie que quiere trepar a los árboles y tiene que esperar generaciones a que le salgan las garras adecuadas) hasta convertirse en un peso que ya te es imposible soportar. Eres el perfecto dechado de la insatisfacción crónica (y patológica). Hace una semana echaste a andar una máquina aceitada según tu concepto de perfección: pura carne. Pero no pudiste evitar la seducción de la exclusividad. Sabías que aquello no llegaría ninguna parte. Aun así ahora que lees la rotunda negativa te siente aplastado por el cielo de lo que pudiste hacer, por el peso atroz de lo postergado y de lo que no sucedió. Construyes cosas ahí donde jamás hubo terreno. Vives donde las cosas que no sucedieron. Y recuerdas y te gustaría volver. Esperas inútilmente el vibrar de tu aparato, esperas un mensaje, una luz. Pero nada pasará, lo sabes. Volverás a la rutina y pronto olvidarás lo sucedido, aprenderás que el tiempo siempre se bifurca en memoria y olvido, y que tu barca está ladeada desde el principio. Te extrañas de tu presente y no reparas en que hace mucho aceptaste tu destino. La suerte parece estar echada, más vale que te acostumbres. Ahora esperarás su mensaje, pero no llegará. Dormirás y mañana todo parecerá un sueño de mal gusto. Tal vez esto no te vuelva a pasar nunca. Pero hace años otra ella te hizo lo mismo, y aún la recuerdas… Mejor será aprender a olvidar. Sólo en este espacio que lentamente deja de estar en blanco encuentras algo parecido a la felicidad. A falta de psicología, quizá el formalismo ruso te ayude. Por eso, ahora que te sientes tan realmente mal, quieres escribir algo así como un cuento, una historia, más bien, y hablar de lo que te pasa y hacer como que le pasa a alguien más: a ver si así logras comprender las cosas y descubrir, aplicando alguna teoría narratológica (análisis formal del texto literario, curvas dramáticas y modelos actanciales), dónde radica el verdadero problema, o cuándo el clímax, o dónde de plano perdiste la hebra de tu vida y te has venido deshilachando…: De un tiempo a esta parte he estado en un toma y daca inútil conmigo mismo. Obtengo lo que quiero y al instante deja de interesarme. Miro a la gente feliz e instintivamente los jugos de mi odio empiezan a macerarse en mi interior. El fin de semana, por ejemplo. El centro comercial atascado de compradores compulsivos. No soporté la belleza ajena. El peso de querer ser otro es demasiado, ese impulso que me nace cuando veo el amor en la mirada de otro. De otra, más bien, para otro. De repente el mundo y su gente y sus relaciones se convierten en una basura basada en el influyentismo y marcas de autos y ropa fina. No comprendo cómo es que la belleza que deseo es tan inalcanzable (y es que no comprendo que ellos tienen autos y yo a Cortázar, y de nada sirve porque mi camino es otro, el surco que labré es el equivocado). La volteé a ver (a cualquiera, no importa) y deseé tenerla así como en mis sueños… y mi fantasía tomó forma ya de noche, en mi casa, y luego dije ¿para qué? Y volví a mis cosas: el siglo de oro español, Haruki Murakami y la semiótica de las pasiones. Tiene mucho que no escribo. Cada nuevo intento me parece una aberración peor que la anterior. Jamás seré bueno en nada, parece. Me castigo tanto que aquello que disfrutaba (sexo y literatura, principalmente) ahora me atormenta: ha venido mutando lentamente (como una especie que quiere trepar a los árboles y tiene que esperar generaciones a que le salgan las garras adecuadas) hasta convertirse en un peso que ya me es imposible soportar. Soy el perfecto dechado de la insatisfacción crónica (y patológica). Hace una semana eché a andar una máquina aceitada según mi concepto de perfección: pura carne. Pero no pude evitar la seducción de la exclusividad. Sabía que aquello no llegaría ninguna parte. Aun así ahora que leo la rotunda negativa me siento aplastado por el cielo de lo que pude hacer, por el peso atroz de lo postergado y de lo que no sucedió. Construyo cosas ahí donde jamás hubo terreno. Vivo donde las cosas que no sucedieron. Y recuerdo y me gustaría volver. Espero inútilmente el vibrar de mi aparato, espero un mensaje, una luz. Pero nada pasará, lo sé. Volveré a la rutina y pronto olvidaré lo sucedido, aprenderé que el tiempo siempre se bifurca en memoria y olvido, y que mi barca está ladeada desde el principio. Me extraño de mi presente y no reparo en que hace mucho acepté mi destino. La suerte parece estar echada, más vale que me acostumbre. Ahora esperaré su mensaje, pero no llegará. Dormiré y mañana todo parecerá un sueño de mal gusto. Tal vez esto no me vuelva a pasar nunca. Pero hace años otra ella me hizo lo mismo, y aún la recuerdo… Mejor será aprender a olvidar. Sólo en este espacio que lentamente deja de estar en blanco encuentro algo parecido a la felicidad. A falta de psicología, quizá el formalismo ruso me ayude. Por eso, ahora que me sientes tan realmente mal, quiero escribir algo así como un cuento, una historia, más bien, y hablar de lo que me pasa y hacer como que le pasa a alguien más: a ver si así logro comprender las cosas y descubrir, aplicando alguna teoría narratológica (análisis formal del texto literario, curvas dramáticas y modelos actanciales), dónde radica el verdadero problema, o cuándo el clímax, o dónde de plano perdí la hebra de mi vida y me he venido deshilachando…
20090615
calendario 2.6 / Querido diario...
20090521
Escritura automática / ...
84. Automática…
Me recuerdas a mi novio, dijo Rebeca la sensual diosa traída directamente desde Mazatlán, tierra de diosas sensuales según el anunciador (algo como muy cercano al fracaso de no ser por su talento natural para describir in-situ a las bellezas del congal Sin nombre -y cuánta originalidad, el nombre del antro y su anunciador y sus diosas del peluchín rasurado-) y Rebeca, entonces, borracha, abraza a un muchacho que bien podría ser yo: delgado, despeinado, lentes, pocas palabras y las piernas cruzadas; lo abraza (me abraza, da lo mismo) por la espalda y sus manos bajan hasta la entrepierna donde todo se mezcla: la cartera, el celular, el deseo... Pero el muchacho callado, inmóvil, sólo observa las luces del techo, parece pensar en otra cosa mientras la puta (Rebeca, la diosa para muchos ahí dentro) le intenta morder las orejas y encontrar el deseo justo entre la cartera (bolsillo izquierdo) y el móvil (bolsillo derecho). El muchacho pensaba en que sería mejor pagarle a la puta, tocarla, escupirle, jalarle el cabello y hacerla confesar –ya en esas circunstancias- lo obvio: soy tu puta. Que me hable de usted, y el muchacho reformula la fantasía: soy su puta... y pf cuánta elegancia, Su puta, como entre licenciados, gente importante...
Te pareces a mi novio, dice Rebeca la sensual diosa sinaloense, tierra de mucha bala pero igual de esos labios... pero por Dios quién le ve los labios: chéquenle el culito compadres (el anunciador, de nuevo), y entonces la puta se abre la blusa y sus senos saltan como peces, buscando ser reconocidos, y me dice: ven, ya los has tocado... Y el chico (¿yo?) se inclina un poco hasta que sus labios tocan, apenas, como no queriendo, la piel negra de los pezones de la puta -un gemido, despacio: las putas lo fingen todo el tiempo, piensa-, cierra los ojos e intenta recordar... Inútil: esos senos nunca han estado en su boca.
Me recuerdas a mi novio, insiste la puta, y yo (o el muchacho delgado de lentes y suéter gris) me alejo un poco porque de pronto ha brotado el verdadero olor de Rebeca, algo así como un baño sucio, muy sucio, el olor que pega cuando se ve una taza amarillenta por el sarro, como el olor que llega cuando la orina pega en un baño público sin agua y mucha mierda dentro...
Su mirada me encuentra por el espejo: los congales los tienen por todos lados, el efecto de agrandamiento del espacio es necesario: mucha luz negra, mucha alfombra de alto tráfico y cerveza y manteles quemados y humo de cigarro y música tirada como en un bote de basura, voces y gritos y los que están sentados con el autoestima a tope y las carteras a punto de marcar la E (de empty), y las que bailan sobre la pista, ya sin la memoria de la belleza, besan rostros deformes y se contagian de alientos aburridos mezclados con aguardiente… pactan encuentros: encerrones de a cincuenta sin tocar: Puro deseo, puras ganas porque el sexo, el sexo de verdad -adentro, ahí donde la humedad y los olores-, sale caro: Cuatrocientos. Ahí mismo, un cuartito, una cama, condón de cortesía y en menos de diez minutos el hombre sale más hombre (y más pobre). Se huele los dedos. Se retaca los pulmones de la esencia de las diosas, inhala a fondo sus caderas, su trasero, sus tetas, y luego lo inevitable: la limpia. La cabeza bajo el chorro del lavamanos, jabón, la cabeza bajo el chorro de aire de la secadora automática y listo. Ritual necesario: la mujer sabe de mujerzuelas, las identifica aún debajo de la cerveza y el cigarrillo y el olor natural que emana quien pasa ocho horas al sol y finge horas extras sólo para estar más cerca del cielo –Mi cielo, ¿me invitas otra cerveza?- ahí donde los ángeles vuelan de cabeza y realmente nadie tiene nombre…
Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 18 de abril 2009.
20090414
Diálogos II
81. Hermógenes
(Volviendo a los Diálogos…)
Ya hemos revisado la postura de Crátilo. Ahora bien, la tesis opuesta, la de Hermógenes, pregona la arbitrariedad del signo lingüístico, común denominador de las concepciones de la mayoría de los pensadores post-saussurianos. La relación entre significado y significante (o entre las distintas partes del signo que tienen que ver con la “realidad” y la forma / modo de su expresión verbal), parece ser convencional y no “natural”, ya que, por ejemplo, la palabra “perro” (abstracción lingüística de un objeto real) no contiene ni en su forma ni en su expresión, características del objeto (animal) al que refiere.
Algunos estudiosos de las lenguas encontrarían una lengua natural en el lenguaje de la infancia. Es decir, en las expresiones cuasi-onomatopéyicas que utilizan los niños para designar su mundo inmediato. Para ellos, el sonido que hace el perro sirve para nombrar al animal. Es decir, una abstracción de un ladrido funciona para referirse al perro, o la imitación de un maullido para un gato. Y este mecanismo de imitación está presente en los procesos de aprendizaje del lenguaje en la mayoría de las sociedades. Podríamos decir que se trata de un proceso en el aprendizaje de la lengua materna. Esta teoría se ve reforzada por las incontables lenguas en las que el padre y la madre se llaman “pa” y “ma”, o cosas por el estilo. Pero de algún modo la naturalidad de este lenguaje es efímera: las relaciones naturales -orgánicas, si se quiere- entre las naturales abstracciones lingüísticas hechas por las mentes en desarrollo se quiebran al pensar en cuestiones como la siguiente: ¿todos los perros del mundo ladran igual? Puede sonar como un aspecto extralingüístico: los perros ladran “guau”... pero en otras latitudes lo hacen “wof”, “bouf”... Los gatos hacen “miau”, pero también “mew”, “mewt”, e incluso “mí-o” (mío dijo el bicho, decía mi abuela). Esto demuestra que incluso el lenguaje natural está supeditado a la convención: el estudio de la lengua termina siempre en la imposición de una convención (académica o de uso, no importa).
20090401
Diálogos
80. Crátilo
Saussure es, de algún modo, el responsable de la preocupación científica moderna por el signo. Pero ya Sócrates se había preocupado por el origen del lenguaje en el Crátilo. Este diálogo se basa en dos supuestos básicos: a) el significado de las palabras viene dado de forma natural (tesis de Crátilo), b) el significado de las palabras es arbitrario y depende del uso de los hablantes (tesis de Hermógenes). La primera tesis afirma que las palabras contienen ciertos sonidos que expresan la esencia de lo nombrado, “el que conoce los nombres conoce también las cosas”. La segunda tesis, por el contrario, afirma que la relación entre el nombre y lo nombrado está fincada en la costumbre y la convención. Para Hermógenes los nombres no expresan la esencia de las cosas, por lo tanto pueden ser cambiados y reemplazados por otros si así lo acuerdan aquellos que utilizan la palabra. Sócrates, en un intento por desechar al lenguaje como revelador de la verdad -según José Luis Calvo, al enfrentar dos teorías que pretenden, cada una a su manera, emplearlo con ese fin-, rechaza ambas posturas. Saussure, en su intento por formalizar el estudio de la lengua, adopta la postura de Hermógenes y emula la intención socrática: el lenguaje es forma y no sustancia. Afirma que el lenguaje es una forma de conocimiento, y que el habla, en oposición, es la manifestación tangible del lenguaje.
Los conceptos del teórico francés han servido para la instauración de la lingüística moderna, pero la discusión ha estado presente, como ya lo vimos en el párrafo anterior, desde los tiempos de la Grecia clásica.
Johannes Pfeiffer, en su análisis poético-literario, sostiene que los aspectos de la “captación” de una obra (ritmo y melodia, imagen y metáfora, temple de ánimo y estilo) están fuertemente ligados a la sustancia de la expresión verbal. Es decir, aunque el sonido de las palabras no tiene una relación con el contenido (lo que el signo “significa”) -precepto estructuralista saussuriano: arbitrariedad entre significado y significante-, para el teórico alemán la expresión por sí misma es contenedora de significado (al menos en la utilización artística de la lengua: la literatura), lo cual lo lleva a afirmar, con toda la razón a su favor, que dunkel no suena igual a oscuridad, y por lo tanto no se “sienten” igual, en consecuencia, el canje de estas expresiones es inaceptable: la traducción de una obra literaria es imposible. Esa preocupación fonética está presente en Crátilo: ciertos sonidos expresan la esencia de lo nombrado: hay sonidos duros para nombrar las cosas duras, y, obviamente, sonidos blandos que refieren cosas blandas. Y duro y blando son dos ejemplos perfectos: las características fonéticas de ambas palabras prediseñan lo que hemos de imaginar: la oclusiva alveolar seguida de una vocal cerrada posterior, requiere de un movimiento brusco de la lengua, el aire se “expulsa”, mientras que en la sílaba “bla”, el aire “fluye” y la lengua se relaja, se ablanda. En este orden de ideas, Crátilo resultaría ganador del debate.
j.AlfonsoValencia B.
Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 23 de marzo 2009.
Cineminuto
79. El Maestro dijo:
ESC. 1. EXT. BOSQUE. DÍA
Un hombre vestido con una túnica blanca camina por el bosque. Lleva un arma –sable, espada- a la usanza oriental, pero sabemos que se trata de un mexicano promedio.
VOZ EN OFF: El guerrero, luego de completar el riguroso entrenamiento físico en su aldea natal, avanza a su encuentro con el fundador de La Doctrina. Muchas fronteras tendrá que cruzar. Mientras avanza por este bosque tendremos que imaginarlo, digamos, escalando montañas, en franca batalla contra el viento helado del norte, cruzando mares y sorteando tormentas que de suceder en tierra, destruirían ciudades completas. Tendremos que imaginarlo por cuestiones de tiempo. Pasemos a lo importante…
ESC. 2. INT. HABITACIÓN VACÍA.
Un anciano está sentado en medio de una habitación vacía. Una luz cenital lo ilumina. El hombre de blanco se acerca lentamente. Se arrodilla frente al anciano.
VOZ EN OFF: El momento esperado. Nuestro guerrero no podría estar en un punto más alto: las aves que anuncian la primavera y él, son la misma cosa. Silencio… y el Maestro dijo:
ANCIANO: 平仮名
A manera de subtítulos aparecen tres puntos entre paréntesis.
El hombre de blanco se levanta. Se rasca la cabeza y sale.
j.AlfonsoValencia B.
Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 9 de marzo 2009.20090305
20090302
Iron Maiden
78. Déjà vu
Es cierto: ya no pienso en el gran público cuando escribo o hago fotografías. El reconocimiento es tan subjetivo… mejor andar por ahí, libre: eso no hace daño, y tal vez alguien escuche.
El caso es que quiero escribir acerca del concierto del sábado, pero como hace tiempo que los moldes y formas canónicas no me ayudan, haré un estilo de recuento de las cosas que sentí y pensé mientras las bandas tocaban en el Maiden Fest. Luego entonces, el presente ejercicio ni es una reseña o crónica ni pretende serlo.
1. ¿De qué se trata eso de ser metalero? Pregunta, casi retórica, recién llegué al Foro Sol. El término designa, al igual que futbolero (aceptado por la RAE), tanto al aficionado como al que ejecuta: escucha-músico. Ahora bien, si escuchar –y disfrutar, debe entenderse- basta, entonces hay una gran cantidad de metaleros. Pero, al parecer eso no es suficiente: hay trasfondo (se quiere ver complejo): un estilo de vida. Es necesario exteriorizar la actitud; dicho sea de otra manera: posar: responder a una imagen canónica que incluye el color negro y, si el trabajo y la edad lo permiten, el cabello largo. No estar en esa imagen es excluyente, como también lo es tener preferencias musicales no-metaleras y festejar, pongamos, el día de San Valentín, o ser católico o, peor, guadalupano. Además, resulta interesante descubrir que la mayoría de los metaleros lo son, casi, desde el vientre materno: en primaria escuchaban a Metallica y en secundaria ya se metían con Mayhem, Burzum y otras aberraciones. Interesante: el principio de exclusión parece ser externo al género musical en sí: la melomanía es ajena a este fenómeno.
2. El primer concepto que me viene a la mente cuando pienso en la terminación –ero-, es intolerancia (obviamente este ejercicio no es universal ni concluyente). Creo que la razón ha quedada muy bien explicada arriba. Luego del acto (un poco flojo a mi parecer) de Morbid Angel, Atreyu fue víctima de monedazos e insultos. ¿Error de logística el subir al escenario a una banda que, dadas las circunstancias, estaba destinada –desde el cartel- al fracaso? No lo sé. Yo no soy fanático, los escuché de lejos y no me parecieron tan tan malos. Pensé en la “brand new morbid angel song” que, fiel al estilo florida, suena a algo que bien puede entrar en el Domination (1995), y fue imposible no hacer la analogía con: si las lenguas no evolucionaran, seguiríamos hablando latín. Si acomodamos la tesis al terreno de lo musical, se seguirían escribiendo misas canónicas y, más para acá, death metal de flojera. Cuestión de enfoques. Live and let die.
3. La primera impresión jamás se olvida. El año pasado mi reseña (o intento de) del concierto de Iron Maiden fue muy positiva: era la primera vez que escuchaba tantos éxitos de la doncella de hierro juntos. Ahora, un año después, me dejó la impresión de un déjà vu: misma banda, mismo concierto, misma actitud y mismo vestuario. Algunas explosiones (siendo sinceros, nada impresionante), luces, tal vez más mantas (fondos de escenario)… pero nada que no hayan podido sacar del avión la vez anterior. Lo cierto es que a pocas bandas, obviamente a Iron Maiden, podría permitirles eso: el decir: “Ora sí ahí va la buena”. Excelente Maiden. Janick Gers de una lado para otro, Dickinson de lujo… Errores (en Fear of the Dark y Iron Maiden) que me llevaron a pensar lo siguiente:
4. Yo no podría ser rockstar. Imaginar tener que cantar o tocar durante veinticuatro -pongamos veinte, mejor- años la misma canción, ir de un lado al otro del escenario, sonreír, emocionarse con el público, estar en el mejor lugar del mundo siempre, y tener que repetirlo cada noche… Eso y un trabajo de oficina se me hacen muy parecidos… claro que los ingresos y las fans hacen una diferencia considerable… Pequeño gran universo. Pero ya lo dijo Kawabata: cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana. Yo creo que también puede pasar al vesré.
Nota. El sábado 28 de febrero, en el Foro Sol de la ciudad de México, se llevó a cabo el Maiden Fest. Tocaron Lauren Harris (la hija de Steve Harris, bajista y fundador de Iron Maiden), Morbid Angel (insignia del Death metal de Florida), Atreyu (metalcore juvenil de California), Carcass (extraordinaria banda de grind/death metal, impresionante en vivo, impecables) y, obviamente, Iron Maiden, sirs del heavy metal: leyendas vivientes.
j.AlfonsoValencia B.
Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 2 de marzo 2009.Amor...
77. Amor
El amor por el amor mismo no sirve de mucho. Decía Cortázar:
Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, sin hablar de un tío y dos primos, convencidos del amor-que-sienten-por-sus-esposas. De la palabra a los actos che; en general sin verba no hay res. Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiera elegir en el amor.
Y el argentino decía bien. Su obra, muy leída -y no gratuitamente, ya que es una de las más interesantes y perfectas de la literatura hispanoamericana del siglo XX-, ha sido tomada como, digamos, paradigma del relato corto, o como modelo de la novela contemporánea. Eso literariamente hablando: pura perfección, conocimiento absoluto de la lengua, de sus reglas y sistemas (miren que para introducir oraciones coordinadas sustantivas prepositivas mediante una preposición elidida…); invención de categorías, de modos, que resultan comprensibles porque se ciñen a las más naturales reglas de la gramática; es decir, sus invenciones, sus neologismos y neoformismos corresponden a la lógica de un estilo de, digamos, lenguaje primigenio y universal.
Eso, literario-gramatical-formal, es cuestión de estudiosos. Trabajo de aquellos que están para arrojar luz sobre las obras que los lectores disfrutamos (y eso sólo cuando el lector quiere o necesita luz… los estudiosos y académicos siempre son prescindibles).
A Cortázar también se le disfruta por la complejidad de sus argumentos. También aquí se podrían hacer esbozos teóricos y técnicos de su estilo y de su muy particular forma de apropiación literaria de la realidad, lo que demostraría que, por ningún lado la obra del argentino cojea.
Pero, el éxito del cronopio radica, quiero creer, en esos vislumbres de verdad absoluta que da en sus obras cada tanto. La frase citada arriba es un ejemplo perfecto. La sentencia es concluyente: el amor no es eso que creemos. ¿Entonces? La novela responde: búsqueda. No se trata simplemente de insatisfacción crónica, es más bien un estilo de pirámide en la que sólo trasciende aquello que jamás poseemos. Es decir, la imposibilidad del amor corrobora su existencia. En la búsqueda, en el encuentro fortuito, casualidad si se prefiere, radica la única posibilidad de encuentro con el amor. Pero, como a la casualidad no se le puede poseer, no se le pueden adivinar los pasos, tal amor está condenado a la imposibilidad… (o a la posibilidad casual, en todo caso: momentos mágicos que desaparecen al siguiente capítulo del libro o al siguiente día de nuestras vidas). Eso que no poseemos es lo único que nos queda.
Al menos esa es, según mi lectura, la lección del argentino.
j.AlfonsoValencia B.
Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 23 de febrero 2009.
20090212
Historia
76. A la carta
Podemos imaginar cualquier escenario.
El que sea, el que usted guste: si vive cerca del campo, va. Si prefiere la playa o la montaña… incluso la ciudad, venga. Importa poco. Nuestra historia puede desarrollarse donde sea.
Ahora, pongamos a dos hombres: uno frente al otro. Sus ropas no importan, sólo, tal vez, pensémoslas blancas, limpias, pues.
Estos dos hombres se conocen desde hace mucho tiempo. Y, digamos, que en algún momento uno traicionó al otro:
o una mujer,
o los límites de unas propiedades,
o palabras equivocadas: lo que usted guste.
Lo importante es que tras esa acción, el traicionado supo que tenía que matar al que, hasta entonces, funcionaba como su amigo, el mejor, tal vez.
El traidor huyó. El traicionado lo buscó por años.
A veces ambos recordaban el ahora lejano tiempo de la infancia:
cómo crecieron juntos, bajo el mismo techo, casi. Educados de la misma manera, con las mismas creencias, pues.
¿Cómo fue que de pronto empezamos a odiarnos?
Los dos se preguntaban. A veces al unísono –lejano-, mirando siempre el mismo lado del cielo.
Ahora se han encontrado. Digamos que por una casualidad.
Están, como dijimos al principio, frente a frente.
Ambos sabiendo, más o menos, el destino inmediato:
El traidor sabe que morirá.
El otro hombre ya tiene preparada su arma: pistola, daga, sable, flecha, machete: usted elige.
Ambos se han dejado arrastrar hacia el pasado: el recuerdo facilita las cosas, las corrobora: traidor y vengador, no hay más.
El arma está a punto de accionarse, o,
el filo justo cortando el aire
cuando, en el cielo, un ave –la preferida de usted- vuela dibujando un círculo alrededor del sol.
Un buen agüero, sin lugar a dudas.
Los dos hombres han visto la señal y, como es de esperarse, la han interpretado de idéntica manera:
Las cosas vendrán a bien.
Luego entonces:
El traidor quiere vivir.
El ofendido desea venganza.
El peculiar vuelo del ave bendice las dos opciones:
ambos creen que la suerte y la divinidad, sea la que sea, están de su lado.
Ahora, usted decida qué es lo que sucede en el próximo párrafo:
j.AlfonsoValencia B.
Panóptico. publicado en Arteria Cultural, del Diario Plaza Juárez, Pachuca, Hgo., el 9 de febrero 2009.


