20091125

Súplica / Horario de atención...


Cómo decírtelo, Erato,
cómo decir para que no te ofendas,
cómo decirte: "no vengas por las mañanas,
ni a medio día:
ven ya entrada la tarde...
Ven después de las 5;
sucede que trabajo de 8 a 4".
No es que inoportunes, sólo preferiría
que me tocaras por la noche,
cuando ya no hay formatos,
ni memorandos que mandar,
ni gritos del jefe ni las piernas de Vero...
Ven de noche, no me molestes
en el horario de oficina,
porque ha pasado,
que a media reunión importante,
irrumpes con una luz sobre el escritorio,
un punto de marfil
-bastión de todo lo hermoso del mundo-
sobre reportes de pérdidas millonarias,
sobre los planes macabros para evadir al fisco...
Un punto blanco
que me recuerda la luz del puerto,
y a mi padre enseñándome a contar
el golpe del océano...
Entonces me pierdo, me voy...:
el jefe se convierte
en una gaviota que se deja caer
detrás del horizonte,
y Vero, Verónica la secretaria,
se desnuda y nos presume su cuerpo
a contraluz... al fondo, la pantalla es un atardecer.
Y cuando el jefe me llama: ¡Valencia!
no tengo nada que decir,
y todos, claro,
imaginan que mi distracción,
se debe al escote de Vero;
bromean, Verónica se acomoda la blusa,
y yo camino un poco más
a la pérdida de mi trabajo...
Es por eso que prefiero vengas de noche,
cuando no hay ruido...


Alfonso Valencia



20091115

Apunte del anterior cronista desde un punto alto del Valle


Desde aquí, donde el mar no existe,
sólo el aire alcanza para nombrar
el espacio donde no estamos.
¿Qué nos queda, Señor,
si tanta transparencia
no alcanza para mirar el mar?
¿Para qué la conquista?
¿Para qué, Señor, tanta tierra?
Si ya sabemos
que hemos de terminar
dispersos, como esta ceniza,
sobre este valle en el que nada falta.

Si tan sólo el volver bastara.
Si con volver volviera el polvo a ser carne...
si tan sólo con volver este aire quedara intacto.

Intentamos venir y renombrarlo todo,

pero, como gente de mar,
la tormenta fue nuestro idioma.



(Redactado en la clase de la Mtra. Cristina Cuadra, en un estilo de creación mediante la des o re-mitificación, ahora desde la reinterpretación volitiva, o algo así...)



Interpretación de un cronista-erudito de indias


"Son una demostración de lo estático dentro del movimiento universal. Es decir, son cuerpos celestes "acampando" en el Valle de Anáhuac. En algún tiempo antes del tiempo, esas dos gigantescas rocas vagaron por el espacio, expulsadas, tal vez, por la energía de una gran explosión, de la cual podríamos suponer se originaron también los movimientos de rotación y translación de los planetas, y en sí todo el movimiento del Cosmos (que ahora sabemos es heliocéntrico y no geocéntrico como pensaban los falsos eruditos del pasado). Esas dos rocas, en algún momento, colisionaron con otra mayor a velocidades y temperaturas incalculables, fundiéndose y proponiéndose, unas a la otra, una nueva trayectoria común. Con esto, intento dar a entender que esas dos montañas (para nosotros, insignificantes en el Universo, son enormes e inconquistables montañas, pero, en la inmensidad sideral no son más que rocas, polvo tal vez) motivaron la actual órbita de la Tierra, a la distancia justa para crear la vida: en esas montañas, su anterior trayectoria y su colisión, está la Creación. Y, aunque las pensemos estáticas, realmente su movimiento no ha cesado; sabemos, por textos antiguos y profetas, que otra piedra, de igual o mayor magnitud, vendrá y las devolverá a su cósmico peregrinar. Su pausa de milenios aquí, no es más que un instante, imperceptible, para el Universo."



(Redactado en la clase de la Mtra. Cristina Cuadra, en un estilo de creación mediante la des o re-mitificación)



20091110

Estúpido II

El hombre, incluso, ha perdido su sentido de orientación y su capacidad de ubicación (si es que acaso alguna vez los tuvo). Las tortugas marinas recuerdan la playa exacta donde nacieron, y a ella vuelven quince, veinte años después para desovar y preservar la especie. Los pingüinos emperador recuerdan la ruta hacia el oceáno, y una vez dentro de la inmensidad subglacial, recuerdan el hueco exacto por donde entraron. El hombre sí que es estúpido: se pierde, no digamos ya en la naturaleza, en sus propias construcciones. Necesitamos mapas, GPS, direcciones, notas y señalizaciones para saber dónde dar la vuelta exactamente.

20091026

Domingo



con la luz llegó también el olvido

el olvido de odio y el golpe

de la sangre aquí en el centro

un temblor

silencioso

ahí donde el calor nace

y muere el viento

ahí donde las imágenes

se desvanecen

en torrentes de pura memoria


ahí el epicentro de algo

incontenible

la sangre el galope del odio y olvido que viene a dar

con todo al suelo

y a la pared

como un golpe de viento y lluvia

sobre el asfalto



y esta luz es la misma

y las cosas y el viento afuera la lluvia

son idénticos

sólo este silencio es distinto

de animales que observan desde la jaula

de odio dentro

de galope cadencioso de filo contra el aire



este silencio

el de hoy tan poco hoy

tan poco para vestirse y afeitarse

este hoy tan poco hoy para lastimarse los ojos con su luz

tan poco día para no odiarlo todo

tan poco para voltear y ver


que

con la luz llegó, también, el olvido.




Alfonso Valencia

20091016

Estúpido



El hombre es estúpido por naturaleza porque en él la perfección no es instintiva. Para lograrla es necesaria la maestría del intelecto. Pensemos en las construcciones de las arañas y abejas, su perfección nos abruma. Emularlas nos llevó miles de años de evolución. Ellas lo han hecho igual desde el principio: no creo que las telarañas prehistóricas hubiesen sido menos perfectas o más "feas". El "arte", las construcciones del hombre sí que lo eran.

* * *

Tomar conciencia de la belleza anuló la función práctica de lo que ahora llamamos arte. Las telarañas son igual de útiles ahora como hace miles de años. Nuestra pintura no. El hombre es estúpido por naturaleza porque la perfección le es ajena y, además, porque es el único ser vivo que inutiliza sus dones. En el hombre sólo el lenguaje es perfecto... y el hecho de que no opere globalmente en toda la especie nos haría dudar. Creemos que gracias al raciocinio estamos en el pináculo de la evolución. Realmente no hacemos más que vagar, intentar y fallar, en un universo que es perfecto con o sin nuestro intelecto: comprenderlo, descirarlo, no sirve de nada.



20090925

A g e n d a

20090727

El libro de las cosas que no sucedieron, por fin...


Con la narración de una decadencia -la de "Craig Pierson, el héroe", su pueblo y leyenda- como entrada en un territorio donde la belleza del mundo se va borrando del recuerdo y el paisaje, el primer libro de Alfonso Valencia (Pachuca, 1984) afronta con arrojada imaginación y afortunado aliento lírico su presentación en materia poética; escritura que ya desde ahora depara al lector momento álgidos, intensos, conmovedores. Armado de voces que dialogan y luchan, fantasmas que aparecen y desaparecen en los poemas, el autor ha construido un primer libro sorprendente, sólido, pleno de magias vitales y verbales.

Luis Jorge Boone




Todo contento.

Alfonso.